“Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público”. ¿Y qué será eso que no puede permanecer oculto? Entiendo que no son nuestras faltas, eso que permanece en lo más recóndito de nuestra conciencia y corazón y de las que nos gustaría desprendernos (pero no podemos porque es nuestra historia), sino al contrario, entiendo que se trata de una buena noticia, de una experiencia o encuentro con el Señor, y eso no puede permanecer oculto, hay que compartirlo, comunicar esa experiencia con los otros. La buena noticia ejerce tal presión en nuestro corazón que de manera espontánea la comunicamos a los otros, queremos hacerles partícipes de nuestra alegría. Eso que acontece en nuestro corazón es tan sumamente grande que nos desborda, pues el Señor rompe cualquier límite, de tal manera que nos falta tiempo para transmitirlo a los demás. Feliz día.