“Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. ¡Qué contrarios a nuestros criterios son los del Señor! Quizás nosotros buscamos que nos sirvan o tengan en cuenta, buscamos sobresalir, etc., pero para el Señor se trata de servir. ¿Qué es servir? Entiendo que no es hacer lo que los otros desechan o no quieren hacer, no se trata de hacer todas las cosas fomentando la dejadez en los demás; no, creo que servir es provocar en los otros, motivarlos a salir de sí mismos, procurar sacar la bondad que albergan, ilusionarlos con una propuesta que no es nuestra sino del Señor, ponerlos en camino para descubrir que la grandeza humana consiste no en guardar, no en ser un almacén sino una fuente, un manantial de donde brota la colaboración, el aporte, en implicarse en el embellecimiento de la familia y de la comunidad de fe. Servir no nos disminuye sino que nos hace más humanos, servir es darse cuenta de la gran capacidad que tenemos (pues somos obra del Señor) de hacer el bien; quien sirve muestra su humanidad, quien sirve llama positivamente la atención y siempre es un ejemplo a seguir, servir nos identifica con el Señor que vino a servir, a ofrecer vida, esperanza, es un acto de caridad; sirven las personas grandes en el mejor sentido, sirve quien es persona íntegra, sirve quien ha alcanzado un alto grado de fe y humanidad. Y si el Señor sirve abriéndonos caminos de realización, sigamos su ejemplo. Feliz día.
